Cuando nos convertimos en madres nuestras heridas salen a la luz, temas pasados generalmente relacionados con la familia de origen que a veces hace que se resientan las relaciones del presente. La terapia sistémica ayuda a ver de dónde venimos, entendernos y comprender al otro, validar nuestra historia, poner límites a nuestro espacio, recolocarnos en nuestro rol para tener más paz interna.